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Hola, gracias por su visita y comentarios, es mi deseo que en su estadía aquí algo les haya interesando o llamado la atención.
Muchas bendiciones para ustedes y los suyos.-



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CONTRA LOS ATAQUES CON ÁCIDOS. Supervivientes de ataques con ácido participan en una cadena humana en protesta contra este tipo de agresiones, delante del Club Nacional de Prensa, en Dacca (Bangladesh). La manifestación, organizada por la Fundación de Supervivientes del Ácido, quiere alertar de que este tipo de ataques han aumentado recientemente con 3.625 víctimas en 3.270 incidentes registrados entre 1999 y 2015, de los cuales 1.847 fueron mujeres, 901 hombres y 877 niños, según datos facilitados por la fundación. (EFE)


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"No había nadie detrás de la barra del otro verano y en lugar de tu bar, me encontré una sucursal del banco hispanoamericano, tu memoria vengué, a pedradas contra los cristales, sé que no lo soñé, protestaba mientras me esposaban los municipales en mi declaración alegué que llevaba tres copas y empecé esta canción en le cuarto donde aquella vez te quitaba la ropa"

domingo, 24 de enero de 2010

¿Qué nos estamos perdiendo?

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Un hombre se sentó en una estación del metro en Washington y comenzó a tocar el violín, en una fría mañana de enero. Durante los siguientes 43 minutos, interpretó seis obras de Bach. Durante el mismo tiempo, se calcula que pasaron por esa estación algo más de mil personas, casi todas camino a sus trabajos. Transcurrieron tres minutos hasta que alguien se detuvo ante el músico. Un hombre de mediana edad alteró por un segundo su paso y advirtió que había una persona tocando música. Un minuto más tarde, el violinista recibió su primera donación: una mujer arrojó un dólar en la lata y continuó su marcha. Algunos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escuchar, pero enseguida miró su reloj y retomó su camino.

Quien más atención prestó fue un niño de 3 años. Su madre tiraba del brazo, apurada, pero el niño se plantó ante el músico. Cuando su madre logró arrancarlo del lugar, el niño continuó volteando su cabeza para mirar al artista. Esto se repitió con otros niños. Todos los padres, sin excepción, los forzaron a seguir la marcha. En los casi tres cuartos de hora que el músico tocó, sólo siete personas se detuvieron y otras veinte dieron dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares.

Cuando terminó de tocar y se hizo silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos, ni reconocimientos. Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno de los mejores músicos del mundo, tocando las obras más complejas que se escribieron alguna vez, en un Stradivarius de 1713 tasado en 3.5 millones de dólares.

Dos días antes de su actuación en el metro, Bell llenó un teatro en Boston, con localidades que promediaban los 100 dólares. Esta es una historia real, la actuación de Joshua Bell de incógnito en el metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas. La consigna era: en un ambiente banal y a una hora inconveniente, ¿percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?

Una de las conclusiones de esta experiencia, es la siguiente: Si no tenemos un instante para detenernos a escuchar a uno de los mejores músicos interpretar la mejor música escrita en la historia, ¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo?


Publicado en: http://anagloriaguerrero.blogspot.com/


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