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Hola, gracias por su visita y comentarios, es mi deseo que en su estadía aquí algo les haya interesando o llamado la atención.
Muchas bendiciones para ustedes y los suyos.-



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CONTRA LOS ATAQUES CON ÁCIDOS. Supervivientes de ataques con ácido participan en una cadena humana en protesta contra este tipo de agresiones, delante del Club Nacional de Prensa, en Dacca (Bangladesh). La manifestación, organizada por la Fundación de Supervivientes del Ácido, quiere alertar de que este tipo de ataques han aumentado recientemente con 3.625 víctimas en 3.270 incidentes registrados entre 1999 y 2015, de los cuales 1.847 fueron mujeres, 901 hombres y 877 niños, según datos facilitados por la fundación. (EFE)


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"No había nadie detrás de la barra del otro verano y en lugar de tu bar, me encontré una sucursal del banco hispanoamericano, tu memoria vengué, a pedradas contra los cristales, sé que no lo soñé, protestaba mientras me esposaban los municipales en mi declaración alegué que llevaba tres copas y empecé esta canción en le cuarto donde aquella vez te quitaba la ropa"

sábado, 10 de abril de 2010

Productuvidad celestial...

Había una vez, en un pueblo, dos hombres que se llamaban Joaquín González. Uno era sacerdote y el otro era taxista. Quiere el destino que los dos mueran el mismo día. Llegan al cielo, donde les espera Dios:

- ¿Tu nombre? – le pregunta al primero. - Joaquín González. - ¿El sacerdote?- No, no, el taxista. Dios consulta su planilla y dice:- Bueno, te has ganado el Paraíso. Te corresponde esta túnica con hilos de oro y esta vara de platino con incrustaciones de rubíes. Puedes pasar... Gracias, gracias... dice el taxista.

Pasan dos o tres personas más, hasta que le toca el turno al otro Joaquín González.

- ¿Tu nombre? - Joaquín González. - ¿El sacerdote? - Sí. -Muy bien, hijo mío. Te has ganado el Paraíso. Te corresponden esta bata de lino y esta vara de roble con incrustaciones de granito. El sacerdote dice: - Perdón. No es por desmerecer, pero... debe haber un error. ¡Yo soy Joaquín González, el sacerdote!.- Sí, hijo mío, te has ganado el Paraíso. Te corresponde la bata de lino...-o, no puede ser!. Yo conozco al otro Joaquín González, era un taxista, vivía en mi pueblo, ¡era un desastre como taxista!. Se subía a las aceras, chocaba todos los días, una vez se estrelló contra una casa. Conducía muy mal, tiraba las farolas, se lo llevaba todo por delante...

-Y yo me pasé setenta y cinco años de mi vida predicando todos los domingos en la parroquia. ¿Cómo puede ser que a él le den la túnica con hilos de oro y la vara de platino y a mí esto? ¡Debe haber un error!-No, hijo mío, no hay ningún error -dice Dios-. Lo que ocurre es que aquí, en el cielo, nos hemos acostumbrado a hacer evaluaciones como las que hacéis vosotros en la vida terrenal.

-¿Cómo?... No entiendo.-Sí... ahora trabajamos por objetivos y resultados... Mira, te voy a explicar tu caso y lo entenderás enseguida: Durante los últimos 25 años, cada vez que tú predicabas, la gente se dormía; pero cada vez que el conducía, la gente rezaba. Y...

Así que puedes entender que... ¡LOS OBJETIVOS SON LOS OBJETIVOS!


Publicado en: http://anagloriaguerrero.blogspot.com/


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