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Hola, gracias por su visita y comentarios, es mi deseo que en su estadía aquí algo les haya interesando o llamado la atención.
Muchas bendiciones para ustedes y los suyos.-



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CONTRA LOS ATAQUES CON ÁCIDOS. Supervivientes de ataques con ácido participan en una cadena humana en protesta contra este tipo de agresiones, delante del Club Nacional de Prensa, en Dacca (Bangladesh). La manifestación, organizada por la Fundación de Supervivientes del Ácido, quiere alertar de que este tipo de ataques han aumentado recientemente con 3.625 víctimas en 3.270 incidentes registrados entre 1999 y 2015, de los cuales 1.847 fueron mujeres, 901 hombres y 877 niños, según datos facilitados por la fundación. (EFE)


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"No había nadie detrás de la barra del otro verano y en lugar de tu bar, me encontré una sucursal del banco hispanoamericano, tu memoria vengué, a pedradas contra los cristales, sé que no lo soñé, protestaba mientras me esposaban los municipales en mi declaración alegué que llevaba tres copas y empecé esta canción en le cuarto donde aquella vez te quitaba la ropa"

domingo, 20 de febrero de 2011

El agua mágica... (Yo voy a usar esta técnica)...




En una aldea vivían un anciano y su anciana mujer. Todo el día vivían discutiendo y gritándose el uno al otro: si el anciano decía una palabra, la mujer decía cinco; si el anciano le contestaba con diez, ella con quince. Todo con enojo, gritos, amenazas, sin acordarse a veces el por qué de la discusión.

- ¿Por qué peleamos? -preguntaba de repente el anciano,

- ¿Por qué? ¡por tu culpa!, -contestaba la anciana.

- No, por la tuya, -le respondía el anciano.

Y nuevamente la discusión, el enojo, los gritos. Día a día, año a año.

Un día, se cansaron los vecinos de tantos gritos y se dirigieron a la anciana:

- Escuchamos que en lo alto de la montaña, no lejos de aquí, vive un hombre sabio, que tiene en su poder "agua bendita y mágica" que logra curar a la gente de todo tipo de situaciones, a lo mejor puede lograr ayudarlos y poder de esta manera dejar ustedes de gritar y discutir.

Escuchó la anciana, las palabras de las vecinas, y se dirigió sola a la montaña a encontrar al hombre sabio.

- "¿Cómo puedo ayudarla?" -preguntó el anciano.

Le contó la anciana con lágrimas en los ojos, cuál era su problema con su esposo.

Escuchó el anciano sabio, y se dirigió a su casa, regresando al momento con una botella llena de agua. Dijo unas cuantas palabras mágicas, se la entregó a la anciana y le dijo:

- Toma esta botella de agua, simpática anciana, y cuando comience su esposo a pelear, discutir, maldecir, etc... toma unas gotas de esta botella, y mantén el agua en tu boca. No la escupas ni la tragues hasta que tu esposo se calme. Haz así cada vez que comience la discusión, si lo haces, ellas llegarán a su fin y dejarán de discutir y pelear.

- Gracias!!! -le dijo la anciana, y regresó a su casa con la botella de agua mágica.

Cuando la escuchó su esposo entrar, comenzó con sus gritos: "¿donde estuviste?, ¿por qué no está lista la comida?"

La anciana, sin contestarle, tomó un poco del agua y la mantuvo en su boca. Mientras el anciano seguía gritando y discutiendo. Y ella calló.

Vio el anciano que ella no le contestaba, y tambien callo.

La anciana preparó la comida mientras susurraba una alegre melodía.

Después de una hora, nuevamente empezó el anciano a pelearle, "¡Mira la casa!, ¡sucia y desarreglada! ".

La mujer se sintió ofendida y quiso responderle, pero en vez de ello, tomó un poco del agua de la botella, y calló. Vio el anciano que ella no le respondía, y también calló.

Y así ocurrió una y otra vez. Cada vez que él comenzaba a discutir, ella tomaba del agua y esperaba que él se tranquilice. Y cuando ella tenía ganas de discutir o gritar, tomaba del agua hasta calmarse.

Con el tiempo, dejaron los ancianos de discutir, pelear y gritar. Y aprendieron a vivir con una gran tranquilidad. Ella le contó sobre el agua mágica y juntos decidieron subir a la montaña a agradecer al hombre sabio, por el agua mágica que cambió sus vidas.

- "No agua bendita o mágica les he dado, sino simple agua, la acción de controlarse es la que les enseñó a vivir sin peleas y gritos, dándose tiempo antes de responder, pensando qué y cómo decir las cosas"

Se miraron la anciana y su anciano esposo y sonrieron. Y así continuaron su vida juntos, con la importante enseñanza.


Publicado en: http://anagloriaguerrero.blogspot.com/


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